La ciencia, el azar y la fe

¿Es la fe (o la religión) compatible con la ciencia? ¿Es la ciencia compatible con el azar? ¿Es el azar compatible con la fe (o la religión)? Se podrían plantear más preguntas al respecto.

Todo esto viene al hilo de una noticia aparecida hoy en un medio local (en otros medios la noticia se difundió ayer, pero eso no debe extrañarnos), según la cual el Papa, al recibir una felicitación por Navidad, ha declarado que “felicitar antes de tiempo trae mala suerte”. Así, como suena.

Y me he acordado de cierto ex-cargo académico que felicitaba la navidad también bastante antes de lo que podríamos considerar fechas “lógicas” y sí, nos trajo mala suerte, especialmente a todos sus “súbditos” en los años que tuvimos (unos más, otros menos) que sufrirlo.

Y me he acordado de que este año, desde la Secretaría General de la Universidad, nos han enviado una felicitación de navidad por correo electrónico el 12 de Diciembre. Muy pronto, creo yo. Podía ser lógico si se hubiese remitido por correo ordinario, para no sobrecargar a los empleados del servicio de Correos si todas las felicitaciones se mandasen el día 23 (con la resaca de la Lotería), pero hoy en día que consiste sólo en darle a una tecla, bien podían haber esperado al 21 o al 22 de Diciembre, ¿no creen ustedes? A menos de que se trate de un mensaje subliminal que nos esté indicando que desde el día 12 ya nos podemos considerar en vacaciones, no sé.

Y, volviendo a la noticia relativa a Su Santidad, no considero muy compatible la creencia en una religión dada y la creencia en la “mala suerte”. El azar es una cosa, el libre albedrío es otra; lean, lean ustedes los escritos de venerados padres de la iglesia, recuerden lo que hayan estudiado en sus clases de Religión (no confundir con la Historia Sagrada) o en sus jóvenes años de adoctrinamiento en el Catecismo, recuerden, … Si uno cree en dios (lo pongo en minúscula adrede, para no referirme a uno en particular) no puede creer en el azar. Lo que ocurre es consecuencia de las “fuerzas de la naturaleza”, que científicamente debemos poder explicar, y de la acción del hombre; el azar queda fuera.

A veces, en clase, hago una pregunta a mis alumnos. Por ejemplo (no es un ejemplo real): “¿Por  qué el hielo se funde al calentarlo?” La mayoría de los alumnos contestan diciendo “Yo creo que …” y yo les interrumpo diciéndoles que no estamos en una clase de religión, para tratar de lo que uno cree o deja de creer, sino en una clase de ciencias, en la que debemos intentar, como digo, dar una explicación científica a un hecho experimental. Primero expliquemos el hecho (si no está incluido en el enunciado de la pregunta) y luego tratemos de explicarlo científicamente.

 

P.S. ¿Juegan los curas a la lotería?

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