La imagen

Hace algún tiempo escribía aquí sobre el carácter evocador de la música, abundando posteriormente en las que yo denominaba canciones de desgarro sensual y de desgarro trágico. Hoy voy a comentarles sobre las imágenes, que pueden tener un carácter evocador al menos tan intenso como la música. Bien es cierto que todos tenemos asociado el sonido de una sirena a un peligro (bueno, en el pueblo en el que crecí la sirena marcaba el cambio de turno en la fábrica de tejidos y se oía en todo el pueblo), al igual que la luz roja de un semáforo.

Pero las imágenes pueden tener otro efecto que, creo, le falta o no tiene en la misma intensidad, la música. Es el efecto disuasorio. Son muchas las imágenes con este efecto: desde las mismas señales del Código de Señales de Circulación (o como se llame ahora) hasta cosas tan horribles como las fotografías de cánceres que “decoran” las cajetillas de tabaco. El objetivo es prohibir, avisar o disuadir de algo.

Pues bien, hay imágenes que juegan también ese papel, pero de una forma personalizada. Como si fuese un Marcelo, vamos. Quiero decir que la desagradable imagen del cáncer de pulmón en una cajetilla de tabaco debería desanimar a cualquiera  a fumar o seguir fumando, pero hay otras ocasiones en las que esta imagen disuasoria es más sutil, más personal, más particular. De modo que esa imagen, vista por otra persona, no significa nada, pero al verla la persona que (en cierto modo) la ha creado o le ha asignado esa cualidad disuasoria, cumple su papel y le desanima, igual que el ángel de la guarda que te previene de los peligros y de caer en la tentación de pecar (amén).

Cada uno tenemos nuestro propio código de imagen-peligro y cada uno lo utilizamos en la forma que consideramos oportuna: a veces le hacemos caso y a veces no, eso depende del albedrío de cada uno. Podemos fijarnos en otros aspectos de la acción que pretendemos desarrollar o realizar, pero la simple visión de  esa imagen nos recuerda a qué puede llevarnos.

Ya digo, son muy sutiles, jeroglíficos incomprensibles, quizá, para los ajenos a los mismos, pero claros y diáfanos para su generador y víctima.

¿Tiene usted sus propias imagen-peligro? Sea sincero y reconózcalo.

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