Derecho a desconectar

Es un derecho laboral reconocido en Francia (creo que también en otros países) desde el 1 de enero de 2017*. En pocas palabras, establece que la empresa no debe mandar correos electrónicos (mensajes de texto, llamadas telefónicas, mensajería instantánea, etc.) a sus empleados fuera del horario laboral, ni los empleados deben sentirse culpables por no contestar a esos mensajes o llamadas, caso de recibirlos. Repito: es un resumen, quizá demasiado sucinto, pero la idea la captan (sobre todo si no son ustedes catedráticos).

Pero es evidente que el derecho a desconectar debe ir ligado al deber de conectar, es decir, durante el horario laboral ese tipo de mensajes o de contactos desde la empresa hasta el empleado deben ser respondidos con diligencia y eficiencia. Y, dado que en, al menos la empresa en la que yo trabajo, el teletrabajo aun no está regulado, es evidente que el deber de conectar lleva implícito el deber de estar cada uno en su puesto de trabajo.

Me recuerda a la frase De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades, enunciada por Karl Marx en su  Crítica al Programa de Gotha, en el origen del actual Partido Socialdemócrata Alemán (SPD); pero dejémoslo ahí.

La conexión debe ser entendida como la asistencia al puesto de trabajo de cada uno, en el horario correspondiente a tu contrato (37.5 horas semanales para los profesores con dedicación a tiempo completo – no olvidemos que el tipo de dedicación establece el sueldo que se percibe) y en horas compatibles con los demás trabajadores de la empresa. No es serio cumplir tu horario de medianoche hasta las 7.30 de la mañana, como tampoco lo es cumplirlo desde las doce del mediodía en adelante. Igual de no serio que reducir unilateralmente tu jornada a 4 o cinco horas diarias sin la contraprestación de la disminución salarial, ni tampoco la asistencia sólo tres días a la semana. Y, por supuesto, hay que trabajar en ese tiempo. No estoy exagerando, pero tampoco quiero poner nombres (de momento).

Luego llegan las clasificaciones de las universidades, luego llegan encuestas de calidad y aparece el llanto y crujir de dientes. “Siempre nos quedará París”, por supuesto, siempre nos quedará el orgullo de ser la única universidad en la que estudió Hernán Cortés, y otra serie de singularidades que no son comparables (ni por arriba ni por abajo) con otras (por ejemplo, Cromwell estudió en Cambridge, Sydney & Sussex College). Pero en parámetros comparables con otros centros, esta universidad no aparece en ninguna clasificación entre las 50 mejores del mundo.

 

* Una vez escrito este blog he sabido que en España el Gobierno está estudiando este asunto y que el PSOE, al igual que hizo con anterioridad En Comú Podemos, ha presentado una proposición no de ley para legislar a favor de esta desconexión.

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Una respuesta a Derecho a desconectar

  1. clavileño dijo:

    hay gente desconectada permanentemente, o ya menos políticamente correcto, de cuerpo presente.
    y sobre la conciliación lo mejor es seguir ejemplo mañanero: se pasa la tarjetita por la maquinita y se llevan los niños al colegio, tranquilamente que ya no llegas tarde.
    mi duda es si en caso de que la madre tenga algún percance eso se clasifica como accidente laboral o en “itinere”.

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