Guidos

Ya terminó la semana santa; ya hay que llevar las túnicas al tinte para que eliminen esas molestas manchas de cera. Ya ha pasado el tiempo de dolor y hemos vuelto al tiempo de alegría y esperanza.

Les he de confesar que estas celebraciones (al igual que las Fallas, pero eso será otro día) me gustan; sí, me gustan porque me gusta la música (ya se habrán dado cuenta ustedes; hasta el oxímoron de la música militar, en algunos casos) y cada uno de los más de cien pasos que desfilan en esta semana por Sevilla va acompañado de una agrupación musical. No así en la austera, recogida, devota, lúgubre y sentida semana santa castellana, cuyas virtuosas características desaconsejan, niegan y critican el acompañamiento musical en la práctica totalidad de sus manifestaciones. No he asistido personalmente a ninguna procesión este año, pero he intentado ver alguna por los canales de televisión locales: y digo he intentado porque el martes estaban retransmitiendo en un canal local la procesión de la hermandad de los estudiantes de Salamanca (Hermandad Universitaria del Santísimo Cristo de la Luz y Nuestra Señora Madre de la Sabiduría, es el nombre completo) y los fallos de conexión se sucedían continuamente; “problemas del directo”, repetía como un mantra el voluntarioso locutor.

Y recuerdo, al hilo de estas celebraciones, la poesía de Antonio Machado sobre El llanto por las virtudes y coplas por la muerte de don Guido, musicada a finales de los 60 por Joan Manuel Serrat. ¡Cuántos Guidos se han lucido en esta semana! El propio Machado lo define sevillano, pero cierto es que Guidos los hay por toda España. A fin de cuentas, Machado vivió en Castilla y hay que reconocer que es más fácil rimar “andaluz” con “cruz” y “Sevilla” con “manzanilla” que “castellano” o “leonés” con …¡vaya usted a saber! Quizá las vidas de todos estos Guidos no han transcurrido en la misma secuencia que la del homenajeado por estos dos artistas, pero ese afán de esconder sus pecados cuando ven próximo el fin de sus días; ese cambio de vida tan radical (¡aquel trueno! vestido de nazareno), procesionando por las estrechas calles de su ciudad, como anónimos y humildes penitentes, viendo, a través de esos dos orificios de su antifaz como crudos apuñalamientos, a sus compañeras mirándolos enternecidas, mientras éstas de reojo comprueban la proximidad complaciente y complacida de las fuerzas vivas locales y de la prensa, para así poder inmortalizar el momento; su confianza en la interpretación de Papini para tener asegurada la vida eterna, … son características comunes a todos ellos.

Y ¿cómo sería don Guido? Físicamente, me refiero. Quizá al fin de sus días era un hombre con tripita o incluso tirando a orondo (“¡con lo buen mozo que era!”, dirían algunas), desacostumbrado ya a montar a caballo; seguro que lucía desde bastante joven una acusada calva (“más vale una calva con honra que un peluquín con cachondeo”, como dice un amigo – calvo – mío) y esos simpáticos ricillos en la nuca que nunca le abandonaron; pulserita bicolor en la muñeca (derecha), tieso como un palo y con todas las virtudes que el poeta le cantó. Echado pp’alante en la barra del bar, dicharachero, amigo de sus amigos y entregado, según vengan dadas, a los placeres de la vida.

Estos Guidos, ignorantes selectivos de los libros que deberían marcar su conducta (amor fraterno, paja en el ojo ajeno, …), afean a otros una conducta que como mucho podría ser considerada levemente (gravemente, según ellos) transgresora, como ocurrió recientemente, afeando a dos jóvenes el observar los desfiles desde su balcón desprovistos de cualquier vestimenta en la parte superior de su cuerpo. Tal hipocresía, jaleada por algunos de los asistentes y respondida con jovialidad por los acosados, les permite también poner de manifiesto y seguir presumiendo de su airosa rectitud y fidelidad a las tradiciones.

P.S.: Por el bien de estas celebraciones, quiero creer que el porcentaje de estos Guidos, estos capillitas, meapilas sobrevenidos, es, con todo, muy bajo, en relación con los verdaderos creyentes practicantes.

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2 respuestas a Guidos

  1. José María dijo:

    En plan “boutade”…castellano con…ya te digo y leonés con montés o Ginés (¿de Pasamontés? juá, juá..sí, hombre, aquel al que gritaba Don Quijote ” ¡ Ginés, Ginesillo, hideputa! )

  2. clavileño dijo:

    lo de lúgubre espero sea sólo por las procesiones castellanas….

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