El elemento perturbador

Cuando en una sociedad reina la paz (al menos aparentemente), las aguas bajan calmas o todo está tranquilo como una balsa de aceite, sin la más mínima brisa que mueva las aguas; cuando a esa sociedad llega un elemento externo, distinto, se produce una perturbación en ella.

Los miembros de esa sociedad reaccionan entonces en, al menos, dos formas distintas. Algunos intentan pasar desapercibidos, nadando y guardando la ropa, para tratar de mantener su status quo previo sin molestar, ni ser molestados, por el nuevo individuo. Contemporizan y tratan de permanecer, a veces doblándose como un junco si es preciso, hasta que el temporal pasa, aunque sea mucho el tiempo que deban esperar. Otros, por el contrario, intentan aparentar ajustarse a los tiempos nuevos, esperando sacar tajada del revuelo generado; y a veces lo consiguen.

A pesar de ello, la capacidad de abducción que esa sociedad tiene es inmensa, de modo que con el tiempo al elemento perturbador sólo le quedan dos opciones: salir huyendo o tratar de acomodarse, sin hacerse mala sangre por lo que se ha encontrado y el mundillo en el que le toca estar. El decantarse por una u otra opción es consecuencia de numerosos aspectos, situaciones y circunstancias, que darían para hablar (escribir) mucho más de lo que el lector medio está acostumbrado a aguantar.

Cuando finalmente el elemento perturbador desaparece, bien porque haya escapado o porque ha resultado abducido por la sociedad, los miembros de ésta vuelven a sus orígenes: los del primer tipo recuperan la verticalidad, para poder estar tumbados todo el día, y aquéllos que intentaron seguir al elemento perturbador en su quehacer esgrimen los derechos adquiridos para seguir … tumbados todo el día.

Realmente, conocer una sociedad o grupo no es verlos un día, ni dos, ni siquiera un año o cinco; hay que convivir para, en todo caso, sorprenderse (o quizá no) de lo fácil que es volver a un estado de mínima energía, tranquilo, viéndolas venir y sin hacer nada.

Coja usted una semiesfera hueca de radio R y coloquen en el fondo de la misma una bolita más pequeña. Estará quieta, tranquila, inmóvil, aparentemente indiferente a todo lo que le rodea. Ahora usted con un dedo arrástrela hasta el borde de la semiesfera y,antes de sobrepasar el borde, déjela, no la sostenga más: la bolita caerá hasta el fondo, lo rebasará y subirá casi hasta el borde opuesto, desde donde volverá a caer, sobrepasará el fondo y volverá a subir, repitiéndose el proceso y alcanzando en cada uno de esos movimientos descritos como y = √(R-x²) una altura cada vez menor, hasta que finalmente quedará de nuevo quieta, tranquila, inmóvil, indiferente, en el fondo de la semiesfera hueca, como si nada hubiese ocurrido.

Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar.

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2 respuestas a El elemento perturbador

  1. clavileño dijo:

    “everything happens and everything is but ours is to pass”
    es de google, no llego a mas

    • José María dijo:

      Todo pasa y todo queda/pero lo nuestro es pasar, etc (letra de Antonio Machado, música de Joan Manuel Serrat)…¿no?

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