El prospecto

Unos cuatro años atrás les comenté aquí mi impresión y opinión sobre  los prospectos que acompañan a los medicamentos, sobre la cantidad de información que contienen y lo poco atractiva que resulta su lectura para el usuario medio. Hoy quiero insistir sobre algún aspecto que en aquel momento no comenté.

Hace varios meses tuve un derrame ocular; lo consulté con el oftalmólogo (¿ya no se les llama oculistas? Según el DLE me parecen lo mismo) y me recetó un colirio; ante la posibilidad de que el problema se reprodujese guardé la caja que lo contenía (el colirio), pero no anoté en la misma para qué enfermedad me había sido recetado. Como buen españolito, soy propenso a automedicarme, pero siempre tras haber sido medicado por un experto en la materia (es decir, un médico, NADIE más, ningún paraexperto con vocación de médico frustado).

El problema se reprodujo hace unas semanas. Los síntomas son evidentes e inconfundibles y para evitar todo el proceso de pedir cita, ir al oculista, etc., decidí buscar la cajita del colirio que me había recetado meses atrás. La encontré ¿La encontré? Creía que sí, pero no tenía nada anotado indicando su uso y decidí leerme el prospecto. Les reproduzco lo que venía bajo el título Indicaciones:

Fragilidad capilar conjuntival. Alteraciones vasculares del fondo de ojo o globo ocular. Terapéutica local complementaria en angiopatías retinianas de origen diabético, hipertensivo, aterosclerótico, nefropático y senil. Tratamiento preoperatorio en intervenciones quirúrgicas (cataratas, glaucoma, etc.).

Lo leí varias veces. A fin de cuentas, en todo prospecto que se precie viene escrito al principio: “Lea todo el prospecto detenidamente antes de empezar a usar el medicamento, porque contiene información importante para usted”.

No lo dudo, es importante, puede ser importante, debe ser importante, pero ¿es inteligible? ¿De verdad una persona con formación media es capaz de entender lo que dice el párrafo que les he transcrito y deducir del mismo para qué es aplicable este medicamento?

Solución: llamar al médico, acordar una cita, acudir a la consulta, esperar, recibir sus indicaciones, ir a la farmacia, adquirir el medicamento, usarlo.

¡Ah! y anotar en la caja, con bolígrafo: DERRAME OCULAR.

P.S.: No interpreten esto como una defensa a ultranza de la automedicación, pues no lo es. Aunque la considero aceptable para enfermedades crónicas y de aparición repetitiva, con síntomas claramente identificables y específicos. Pero es una práctica muy extendida: vayan ustedes a una farmacia y soliciten un antibiótico o un analgésico no opiáceo en cuya caja ponga “con receta médica”; verán como en el 99% de los casos se lo venden sin dicha receta. Y no soy yo el autor de esto.

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2 respuestas a El prospecto

  1. clavileño dijo:

    lo habrá redactado algún político

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