El descarte – 2

Hace unos días les escribía aquí sobre diversos razonamientos que en alguna ocasión me he hecho para finalmente decidir si voto o no y, en caso positivo, a quién, en unas elecciones; a veces es difícil, al tener que decidir entre lo que te dice la razón y lo que te dice el corazón (ha pasado, no crean). Hoy toca hablar, como ya en aquella entrada les amenazaba, del equipo.

Publicitar el nombre de los colaboradores directos que acompañarán al candidato caso de conseguir vencer no es habitual en muchas ocasiones; por ejemplo, no se publicitan (aunque se sospechan) en las Generales del Estado. Pero sí es habitual en las elecciones en la universidad, aunque en alguna ocasión quedaba algún colaborador tapado hasta después de la votación (o porque el candidato, en realidad, no tenía aun equipo; ambas cosas han pasado, no lo duden).

El mayor problema, supongo, es elegir ese equipo, es decir, el grupo muy reducido de personas que además de haber actuado de fontaneros, vaya a ser una cara visible ( y remunerada) ocupando un cargo relevante tras las elecciones. Supongo que a la hora de elegir a los miembros de ese equipo primarán aspectos como eficacia, confianza y coincidencia en un objetivo común, sin olvidarnos de la ilusión. Por lo menos, aunque quizá también el haber sido compañeros de pupitre pueda tener algo que ver. Quizá una forma de elegir ese equipo es hacer como aquí para elegir un coche de segunda mano

Pero una vez identificadas las personas que cumplen esos requisitos (a veces por propuesta de otras personas en las que el candidato confía), lo siguiente es que acepten la invitación para participar y ocupar ese puesto y a todo ello se añaden, lo que es peor, las componendas de equilibrio. Y ya no sólo me refiero a los asuntos de igualdad (otro día tocará distinguir entre género y sexo), sino asuntos relativos a intentar que estén representadas las sensibilidades: no debe faltar alguien de Humanidades, ¡cómo va a haber un equipo de gobierno universitario sin un vicerrector de Medicina! ¿Y qué decimos de Derecho? Pues hay algunas áreas que se consideran el rey (o los reyes) del mambo y no consienten no estar representadas, aunque sea por la persona más odiada dentro de su propia facultad.

Y es que la elección de este equipo también va a determinar en cierta medida el éxito de la candidatura. Ojo: las elecciones son a Rector, no a un equipo de Gobierno, pero los componentes de éste pueden aupar o hundir a un Rector. Pues si el candidato elige de mi entorno a una persona a la que yo conozco y sé su trayectoria profesional y (si la ha tenido) de gestión y me parece lamentable, pues me temo que ese candidato no contará con mi voto. Es cierto que a aquellos miembros del equipo a los que no conoces les concedes el beneficio de la duda, a menos que tengas una información creíble por personas en las que confías plenamente.

Por eso digo que la elección de un equipo no es una cuestión baladí (como dirían los literatos) ni trivial (como dirían los físicos), sino de importancia fundamental no sólo si el  líder (y su equipo) resulta elegido, sino para que resulte elegido. Aunque entendiendo que, a pesar de lo difícil que resulta evitar las componentes emocionales, deben primar los méritos de confianza, eficiencia y coincidencia en un objetivo común que arriba he citado.

Y ¿que hacemos con los fontaneros de segunda fila? Estos son habitualmente los más listos, pues no ocuparán cargos en los que tendrán que  dar la cara, sino que ocuparán cargos más opíparos, que les permitirán medrar en lo personal sin mucho peligro por su parte, hartándose de, por ejemplo, viajar, hacer amigos, recibir (y devolver) favores, nombramientos, premios, medallas y otras cosas. Supuestamente, claro.

 

P.S.: Insisto: no me presento ni como candidato a Rector ni como componente de ningún equipo. Ni como fontanero de primera fila ni como fontanero de segunda ni enésima fila. Así de claro y diáfano.

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2 respuestas a El descarte – 2

  1. Pingback: Postulación | Rick2sam's Blog

  2. clavileño dijo:

    si al final esto es como una municipales. y que si en una lista va el sobrino de tu prima…coño, habrá que votarlo.
    aunque podría darse el caso que una candidatura obtuviera menos votos que número de miembros en la lista. de todo se ha visto

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