Lamentable desaguisado

(Quinta acepción del DLE para desaguisado).

No es precisamente la estética uno de mis fuertes, es más bien uno de mis débiles, pero sé distinguir las cosas que me gustan de las que no me gustan. Y lo que voy a contarles me parece uno de los mayores desafueros estéticos que he visto.
Les incluyo una fotografía de la fachada plateresca de la Universidad de Salamanca, tomada a eso de las tres y media del pasado 29 de Abril. Las otras fotografías están tomadas el 5 de Mayo a eso de las 10 de la mañana.

Como quizá sepan, la fachada ha sido sometida a un intenso proceso de reparación, conservación y limpieza que ha finalizado hace algunos meses. Pues bien, si se fijan en las cornisas que dividen los distintos paneles, cuerpos o lienzos horizontales, podrán ver ustedes unas líneas oscuras, especialmente en las otras fotografías. Claramente visibles en la cornisa que hay  justo por debajo del panel horizontal donde se encuentra el escudo de la corona hispánica y de la que soporta el panel donde se encuentra la imagen del Papa Luna y su alumnos y también por encima de este panel. No sé qué son, pero por lo que he leído deben corresponder a láminas de metal  sobre las que se han fijado unas líneas electrostáticas para evitar que sobre la cornisa se posen palomas y otras aves, cuyas heces afectan muy negativamente a la piedra.

¿Les parece estético? A mí, la verdad, no; me parece infame, completamente fuera de lugar. No dudo que se ha pretendido proteger la fachada y resaltar su belleza, pero es indudable que estos componentes van justamente en contra de alguno de los fines perseguidos.

Y no nos olvidemos de las agujas, colocadas con el mismo fin sobre las coronas que en el segundo panel, de abajo a arriba, cubren los escudos de la corona hispánica, el águila bicéfala y el águila de san Juan. Las agujas son perfectamente visibles si ustedes acuden personalmente a ver la fachada, aunque en las fotografías no se aprecian muy bien; parece que no se ha realizado ningún intento de ocultarlas a la vista del observador (¿quizá para convertir a las coronas en coronas de espinas y abundar en simbologías oscurantistas de la fachada?). Creo que podían perfectamente haber sido pintadas esta agujas con algún tipo de resina mate para evitar que brillen a la luz del sol, lo cual hubiese contribuido, en mi opinión, a mejorar la estética del conjunto. Y no sé que opinarán los ecoamigos sobre la colocación de estas agujas anti-aves.

En fin, al ver esto me alegro cada vez más de no haber aceptado la invitación (personal e informal, eso sí) que recibí para participar en uno de los equipos técnicos que han intervenido en todo el proceso; es obvio que  los equipos han participado de forma modular y por separado, con las imprescindibles labores de coordinación entre ellos, pero personas a las que conozco y que sí han participado en alguno de estos equipos estoy convencido que no aprueban estos bodrios (cuarta acepción del DLE) tal y como se han colocado.

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Sobre momios, gabelas, mamandurrias y otras hierbas

Aquí tienen ustedes el significado de algunas palabras, según el DLE, todas ellas relacionadas entre sí y de rabiosa actualidad en distintos ámbitos.

Momio (3ª acepción): coloquialmente chollo.

Chollo: coloquialmente, cosa valiosa o apreciable que se adquiere a muy bajo precio o con poco esfuerzo.

Gabela (3ª acepción): coloquialmente (en Perú, República Dominicana y Puerto Rico) provecho, ventaja.

Mamandurria: sueldo que se disfruta sin merecerlo, sinecura, ganga permanente.

Sinecura: empleo o cargo retribuido que ocasiona poco o ningún trabajo.

Canonjía (2ª acepción): coloquialmente empleo de poco trabajo y bastante provecho.

Prebenda (4ª acepción): oficio, empleo o ministerio lucrativo y poco trabajoso.

Paniaguado (2ª acepción): persona allegada a otra y favorecida por ella.

También puedes ustedes considerar mamela con un significado similar al de mamandurria, sinecura o canonjía, aunque no está la palabra recogida en el DLE.

Como pueden comprobar, aluden en todos los casos a cosas que se regalan u otorgan sin que necesariamente el agraciado haya realizado un gran esfuerzo para conseguirlo o que se lo merezca. Es una forma, eso sí, de premiar a algunos, bien sea por lo que han hecho o para amarrarlos (habitualmente con fondos no propios) a hacer lo que el dadivoso desea. Siempre dadivoso, repito, a partir de bienes no propios, sino habitualmente públicos.

Y es que hay algunos momentos en que todos somos el Sr. Cayo.

 

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¿Podemos hablar? ¡Tenemos que hablar! – parte 2

Perdonen ustedes. Quizá recuerden esta entrada en este blog. Pues bien; la fotografía que aquí les incluyo y que acabo de recibir resume muy bien lo recogido en esa entrada (y perdonen la ordinariez de abajo a la derecha)

 

 

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Elecciones: perdone, ¿puedo votar?

Se van a convocar (¿en breve?) las elecciones para elegir Rector de la sacrosanta institución. De acuerdo con las normas, todos los miembros de la comunidad universitaria tienen derecho a ejercer su voto, que posteriormente es ponderado, según el colectivo al que el votante esté adscrito.

Pero, ¿puedo votar? Hace un par de años, en un colectivo mucho más reducido, celebramos una votación para tomar una decisión  (no viene a cuento ahora mismo) y uno de los miembros del colectivo pidió (o exigió, no recuerdo) que dos miembros del colectivo de votantes se abstuvieran en la votación. Su “argumento” era que esas dos personas estaban próximas a la jubilación y, por tanto, no iba a afectarles el resultado de la votación. Curiosamente, la persona demandante de esta abstención es una de las más firmes defensoras de la libertad de opinión, expresión y, digámoslo así, libertad en el sentido más amplio de la palabra; defensora de todas las eco-acciones que usted pueda imaginarse, etc.

Sobra decir que nadie le hizo caso (como casi siempre) y esos dos “cuasi-jubilados” votaron.

Pero ¿y si esta persona, en realidad, tenía razón? ¿Deben votar las personas que no van a verse afectadas (o no van a verse sensiblemente afectadas) por el resultado de la votación? Si ahora se elige a un Rector que va a ocupar el cargo durante cuatro años, sin dimisiones anticipadas (aunque recientemente hubo una), ¿puedo votar, si tengo intención de jubilarme antes de esos cuatro años? Y, como yo, ¿pueden votar los que no van a seguir en activo durante el tiempo en que el Rector ejerza como tal? A fin de cuentas, ¿no se trata de decidir sobre nuestro futuro y no sobre el futuro de los demás? No sé, quizá tuviese razón y en nuestra soberbia no le hicimos caso.

Aunque al hilo de este argumento, podrían ser muchas, en numerosas ocasiones, las personas que deberían abstenerse en muchas votaciones.

Y, además, ¿qué pasa con las personas que, por no tener la edad requerida para ello (18 años) no tienen derecho al voto? Me refiero a elecciones políticas, pero, centrándonos en el ámbito universitario, todos aquellos alumnos que estén cursando el preuniversitario (o como se llame ahora) y cuando se presenten superen las pruebas de acceso (lean aquí una risa sarcástica y socarrona en plan “¡zas en toda la boca!”), se verán afectados durante tres o cuatro años, por el resultado de la elección a Rector; ¿no deberán, por tanto, votar también los miembros de este colectivo? Sí, todos ellos, pues todos ellos (bueeeno, el 98%) superarán las pruebas de acceso y se quedarán a estudiar en este distrito, no sea que se vuelvan tarumbas si se alejan mucho del nido familiar.

No sé, sinceramente, si soy casi capaz de imaginarme los problemas logísticos en que esto puede derivar, pero es cierto que habrá mucha gente que no pueda votar sobre algo que va a decidir su futuro durante los próximos tres o cuatro años (o  más), al tiempo que otros, que alegremente se alejarán, jubilados, de la multisecular institución, serán los que, con su voto, decidirán por aquéllos, sin verse sensiblemente afectados por el resultado de la votación a la que han contribuido.

Piénselo, piénselo y no se corten en hacer propuestas al hilo de este absurdo.

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Las consecuencias de la jubilación

Ayer me encontré a un antiguo profesor de la universidad, recientemente jubilado. Le pregunté que qué tal le iba y me dijo que estaba muy enfadado porque por hacer (aunque creo que utilizó la palabra “trabajar”) lo mismo que antes de jubilarse, estaba cobrando la mitad de lo que cobraba cuando estaba en activo.

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El prospecto

Unos cuatro años atrás les comenté aquí mi impresión y opinión sobre  los prospectos que acompañan a los medicamentos, sobre la cantidad de información que contienen y lo poco atractiva que resulta su lectura para el usuario medio. Hoy quiero insistir sobre algún aspecto que en aquel momento no comenté.

Hace varios meses tuve un derrame ocular; lo consulté con el oftalmólogo (¿ya no se les llama oculistas? Según el DLE me parecen lo mismo) y me recetó un colirio; ante la posibilidad de que el problema se reprodujese guardé la caja que lo contenía (el colirio), pero no anoté en la misma para qué enfermedad me había sido recetado. Como buen españolito, soy propenso a automedicarme, pero siempre tras haber sido medicado por un experto en la materia (es decir, un médico, NADIE más, ningún paraexperto con vocación de médico frustado).

El problema se reprodujo hace unas semanas. Los síntomas son evidentes e inconfundibles y para evitar todo el proceso de pedir cita, ir al oculista, etc., decidí buscar la cajita del colirio que me había recetado meses atrás. La encontré ¿La encontré? Creía que sí, pero no tenía nada anotado indicando su uso y decidí leerme el prospecto. Les reproduzco lo que venía bajo el título Indicaciones:

Fragilidad capilar conjuntival. Alteraciones vasculares del fondo de ojo o globo ocular. Terapéutica local complementaria en angiopatías retinianas de origen diabético, hipertensivo, aterosclerótico, nefropático y senil. Tratamiento preoperatorio en intervenciones quirúrgicas (cataratas, glaucoma, etc.).

Lo leí varias veces. A fin de cuentas, en todo prospecto que se precie viene escrito al principio: “Lea todo el prospecto detenidamente antes de empezar a usar el medicamento, porque contiene información importante para usted”.

No lo dudo, es importante, puede ser importante, debe ser importante, pero ¿es inteligible? ¿De verdad una persona con formación media es capaz de entender lo que dice el párrafo que les he transcrito y deducir del mismo para qué es aplicable este medicamento?

Solución: llamar al médico, acordar una cita, acudir a la consulta, esperar, recibir sus indicaciones, ir a la farmacia, adquirir el medicamento, usarlo.

¡Ah! y anotar en la caja, con bolígrafo: DERRAME OCULAR.

P.S.: No interpreten esto como una defensa a ultranza de la automedicación, pues no lo es. Aunque la considero aceptable para enfermedades crónicas y de aparición repetitiva, con síntomas claramente identificables y específicos. Pero es una práctica muy extendida: vayan ustedes a una farmacia y soliciten un antibiótico o un analgésico no opiáceo en cuya caja ponga “con receta médica”; verán como en el 99% de los casos se lo venden sin dicha receta. Y no soy yo el autor de esto.

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El elemento perturbador

Cuando en una sociedad reina la paz (al menos aparentemente), las aguas bajan calmas o todo está tranquilo como una balsa de aceite, sin la más mínima brisa que mueva las aguas; cuando a esa sociedad llega un elemento externo, distinto, se produce una perturbación en ella.

Los miembros de esa sociedad reaccionan entonces en, al menos, dos formas distintas. Algunos intentan pasar desapercibidos, nadando y guardando la ropa, para tratar de mantener su status quo previo sin molestar, ni ser molestados, por el nuevo individuo. Contemporizan y tratan de permanecer, a veces doblándose como un junco si es preciso, hasta que el temporal pasa, aunque sea mucho el tiempo que deban esperar. Otros, por el contrario, intentan aparentar ajustarse a los tiempos nuevos, esperando sacar tajada del revuelo generado; y a veces lo consiguen.

A pesar de ello, la capacidad de abducción que esa sociedad tiene es inmensa, de modo que con el tiempo al elemento perturbador sólo le quedan dos opciones: salir huyendo o tratar de acomodarse, sin hacerse mala sangre por lo que se ha encontrado y el mundillo en el que le toca estar. El decantarse por una u otra opción es consecuencia de numerosos aspectos, situaciones y circunstancias, que darían para hablar (escribir) mucho más de lo que el lector medio está acostumbrado a aguantar.

Cuando finalmente el elemento perturbador desaparece, bien porque haya escapado o porque ha resultado abducido por la sociedad, los miembros de ésta vuelven a sus orígenes: los del primer tipo recuperan la verticalidad, para poder estar tumbados todo el día, y aquéllos que intentaron seguir al elemento perturbador en su quehacer esgrimen los derechos adquiridos para seguir … tumbados todo el día.

Realmente, conocer una sociedad o grupo no es verlos un día, ni dos, ni siquiera un año o cinco; hay que convivir para, en todo caso, sorprenderse (o quizá no) de lo fácil que es volver a un estado de mínima energía, tranquilo, viéndolas venir y sin hacer nada.

Coja usted una semiesfera hueca de radio R y coloquen en el fondo de la misma una bolita más pequeña. Estará quieta, tranquila, inmóvil, aparentemente indiferente a todo lo que le rodea. Ahora usted con un dedo arrástrela hasta el borde de la semiesfera y,antes de sobrepasar el borde, déjela, no la sostenga más: la bolita caerá hasta el fondo, lo rebasará y subirá casi hasta el borde opuesto, desde donde volverá a caer, sobrepasará el fondo y volverá a subir, repitiéndose el proceso y alcanzando en cada uno de esos movimientos descritos como y = √(R-x²) una altura cada vez menor, hasta que finalmente quedará de nuevo quieta, tranquila, inmóvil, indiferente, en el fondo de la semiesfera hueca, como si nada hubiese ocurrido.

Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar.

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Cine musical

¿Qué es primero, la música o el cine?, quiero decir, ¿uno dirige una película e incorpora una música ya existente? o ¿uno dirige una película y solicita nuevas canciones para incorporarlas a la misma?

Me imagino que a ambas preguntas la respuesta será “sí”, dependiendo de unos casos y otros. Por ejemplo, en Apocalipsis Now es obvio que La Cabalgata de las Walkirias (Wagner) que acompaña el ataque de los helicópteros es anterior a la película, al igual que Carmina Burana (Carl Orff), en realidad el fragmento O Cantata, es anterior a Excalibur, en donde suena. O parte de Tubular Bells (Mike Oldfield) se utilizó, muy posteriormente a su creación, en El Exorcista.

Por el contrario la música de Carros de Fuego fue escrita por Vangelis especialmente para esta película.

Y también situaciones que podemos considerar “mixtas” o “híbridas”; por ejemplo, en El Graduado se puede escuchar, entre otras canciones, The Sounds of Silence, que es anterior a la película, y Mrs. Robinson, escrita especialmente para la película.

¿Y que pasa con las películas españolas musicales? Piensen, por ejemplo, en las películas protagonizadas por Marisol, Rocío Dúrcal, Sara Montiel, … también hay alguna protagonizada por Rocío Jurado en la que canta, aunque no recuerdo si la canción viene muy a cuento con la trama de la película (Sierra Morena, bandoleros, guerra de la Independencia, si no recuerdo mal). Fíjense, por ejemplo, en las canciones de “amante despechada que va de sobrada o perdonavidas” en canciones que se incluyen en muchas de las películas de la Montiel:

Ya sé que vas pregonando que por tus quereres estoy medio loca.
Ya sé que has dicho a la gente que a mí me has deja´o por irte con otra.
Qué poco te acuerdas de las veces que has ido rogando que yo te quisiera.
Qué poco hablas de ello…
Haces bien, como que es cosa de hombres, y tú…no eres eso. (Tú no eres eso)

Aunque tú me has echado en el abandono,
aunque tú has muerto todas mis ilusiones,
en vez de maldecirte con justo encono
y en mis sueños te colmo,
y en mis sueños te colmo
de bendiciones. (Lágrimas negras)

Ya sé que vas diciendo que soy mala
Que el alma tengo negra muy negra
Que soy interesada y pretenciosa
Que de orgullosa no cabe más
Ya sé por qué de mi vas así hablando
Es que el despecho, te esta matando
De no ver tu pasión correspondida
Y eso en la vida lo lograrás (Agua que no has de beber)

¿Y qué me dicen de ésta, en la película mexicana “El gran campeón”? Aquí se cambian las tornas y no es ella sino él el sobrao.

Yo sé que te mueres
cual pálido cirio
y sé que me quieres
que soy tu delirio
y que en esta vida
he sido tu cruz
ay amor ya no me quieras tanto
ay amor no sufras más por mí
si no más puedo causarte llanto
ay amor olvídate de mí
me da pena que sigas sufriendo
tu amor desesperado
yo quisiera que tú te encontraras
de nuevo otro querer
otro ser que te brinde la dicha
que yo no te he brindado
y poder alejarme de tí
para nunca más volver
ay amor ya no me quieras tanto
ay amor no sufras más por mí
si no más puedo causarte llanto
ay amor olvídate de mí (Amor no me quieras tanto)

 

En fin, deben ser misterios de la lírica y las artes en general, inalcanzables para uno que “no es de letras”.

 

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Nuestros periódicos – 63 – Despoblamiento total

Hace casi cinco meses que no reseñaba aquí nada relativo a los titulares de los periódicos y no ha sido por falta de motivos o ejemplos. El de hoy (uno de los de hoy, en realidad) merece un comentario.

Nos cuentan aquí que “La población de Salamanca retrocede hasta 1910 tras perder veinte mil habitantes en apenas siete años“. (Espero que cuando yo publique esto no hayan modificado la noticia; les juro que así figuraba cuando la he leído a primera hora de la mañana). Ya leyendo la noticia uno se entera que se refiere a la provincia, no a la ciudad, pero eso no cambia el sinsentido del titular.

Es curioso comparar los datos de la ciudad y de la provincia. Esta última contaba con 334.377 habitantes en el año 1910 y con 333.300 en el 2017 (con un máximo de algo más de 400.000 en los años 50 del siglo pasado); prácticamente coincidentes. Por lo que respecta a la ciudad, en 1910 contaba con 30.021 habitantes y en el año 2017 casi alcanza los 150.000, tras un máximo de casi 163.000 en el año 1991.

Es obvio por tanto que la población de esta provincia es superior a 1910 habitantes. Quizá, sólo quizá, me imagino que lo que nos querían decir era que “La población de Salamanca retrocede hasta la de 1910 tras perder veinte mil habitantes en apenas siete años“, lo cual ya tiene sentido.

El que la frase tenga sentido no quiere decir que sea una buena noticia. Creo que es una noticia muy mala (o una muy mala noticia, como escriben algunos), pues significa la pérdida de la población con más formación, empuje y juventud en la mayoría de los casos; un avance más en la desolación y despoblación absoluta a la que, desgraciadamente, amplias zonas de la región se encaminan rápidamente.

¡Ah, cómo me recuerda esto a la letra de “Pueblo blanco“, cantada por Joan Manuel Serrat, aunque quizá (sólo quizá) no se refería a esta provincia. Sí, aquélla que decía, entre otras cosas “escapad gente tierna, que esta tierra esta enferma y no esperes mañana lo que no te dio ayer, que no hay nada que hacer, toma tu mula tu hembra y tu arreo, sigue el camino del pueblo hebreo y busca otra luna, tal vez mañana sonría la fortuna y si te toca llorar es mejor frente al mar“. Parece que en este caso ha habido una escapada a la ciudad (que, como escribo más arriba, ha quintuplicado su población en el último siglo, pasando de representar algo menos del 10% a casi el 50% de la población total de la provincia), pero también otra diáspora a otros lugares (pérdida de un 20% de población en la provincia desde el máximo de los años 50).

Y si comparamos con respecto al resto de España, pues ya la cosa se hunde: Ha pasado de 20 millones en el año 1910 a 46.5 millones en el año 2017, lo que significa que la población de la provincia de Salamanca ha pasado de representar el 1.67% en el conjunto del país al 0.72 %.

Acepto que los números pueden no representar nada y son manipulables, pero los datos crudos los tienen ustedes aquí y si están muy aburridos, pueden analizarlos.

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No dejemos que el pasado nos arruine el presente

Profunda la frase, ¿verdad? La he leído en una novela de James Runcie de su serie Grantchester; la cadena británica ITV ha emitido dos temporadas de esta serie, basada en las aventuras de un párroco que se mete a detective.

Sin embargo, la frase la pueden ustedes encontrar, con ligeras variaciones en su redacción (a veces referidas a un personaje en singular) en numerosas páginas de Internet; les dejo que practiquen y lo hagan ustedes.

Es, como les digo, una de esas frases profundas, con peso específico, que no debemos recordar si tenemos insomnio, pues no conseguiremos nada más que intensificarlo (el insomnio, claro).Tengo un amigo que en su perfil de Whatsapp tiene también frases de esta índole y las cambia con frecuencia. Las dos últimas que ha tenido son:

No me arrepiento de mi pasado, pero sí del tiempo perdido con la gente equivocada.

y

En ocasiones tenemos que abandonar la vida que habíamos planeado, porque ya no somos la misma persona que hizo aquellos planes.

Como ustedes pueden ver, todo resulta más profundo que la fosa de las Marianas.

¿De dónde salen estas frases? ¿Se le ocurren a mi amigo o están por ahí?

Así que un día busqué en Internet (ya se pueden ustedes imaginar que si algo existe, está en Internet) y ¡oh, milagro! llegué a esta página, que les recomiendo si se quieren poner ustedes profundos y trascendentes. Échenle un vistazo, hay frases (dicen tener más de 76,000) para todos los gustos, hay una frase para cada ocasión, de todos los tipos que usted pueda imaginar. Incluso tienen un ranking y las frases están votadas. Otra cosa es que usted esté de acuerdo con ese ranking.

Y si se cansan de estas frases (si se las quieren leer todas, seguro que se cansarán), también pueden encontrar más en este otro sitio. Y me imagino que habrá muchos más sitios similares.

Y, puestos a frases, Forges nos deleitó hace unos días con algunas de Sócrates perfectamente aplicables a nuestros días: Lo de “Sólo sé que no sé nada” podría traducirse, en el lenguaje al que nos quieren acostumbrar algunos políticos, por “No tengo ni puta idea”, pero al hilo de lo que tenemos hoy en día en distintos ámbitos lo de “Uno de los castigos por rehusarte a participar en política es que serás gobernado por hombres inferiores a tí” es por lo menos sublime (aunque la frase es de Platón). Y lo de “Saber lo que es justo y no hacerlo es la peor de las injusticias”, pues, qué quieren que les diga, viene a pelo con recientes resoluciones referidas a juntar churras con merinas.

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